viernes, 9 de enero de 2009

Kopi Luwak o l´merd exquise



Mademoiselle de Paris, Coralie, adore les chats. Le gusta deleitarse por las noches con el fino concierto de maullidos y ronroneos exquisitos, verles andar ágiles pies de pluma sobre los tejados, ávidos equilibristas sorteando riesgos de altura sobre bardas angostas. Espía con un morbo casi clínico "los amores de los mansos gatos". Coralie vive para contemplar la colorida constelación felina desde su departamento vingt-deux; hace descender un trastecito amarillo sujeto a un cordón rojo a cambio del involuntario espectáculo callejero.
Es invierno en París; el frío congela los huesos de la ciudad, la gente viste hermosos abrigos que rápidamente se cubren de nieve: el paisaje de pequeños iglúes vivientes parece una postal en movimiento.
     Las 4:30... Coralie, sentada en su viejo sofá de terciopelo azul, forma un círculo trasparente con los dedos para desempañar la traslúcida ventana que pronto vuelve a nublarse de cálida respiración. Nadie la espera, y ella, no espera que alguien llegue. Saldrá sola, soltera y sonriente de su invernadero hacia el paisaje de hielo en busca de l'merd exquise...
     Haciendo efectiva su fascinación por los felinos, como abrazada por un montón de gatos, usa un abrigo de piel de algalia y el sofisticado parfum Coco Civet: el kit perfecto para salir un día congelado a beber lentamente una pequeña taza de kopi Luwak: el mejor y más caro café del mundo.
     Coralie sacó el último fósforo de su cajita donde guardó los euritos necesarios para comprar una lujosa taza de café y reencendió un cigarrillo que cualquier día dejó a medias. Pronto se quedó profundamente dormida, su mano ya sin fuerza dejó caer sobre su abrigo  la colilla aun ardiente... 5:30; Coralie, nunca probó el café más caro del mundo. 








Odas elementales para un 13 de diciembre



Nada o casi nada es especial en sí mismo, uno lo hace especial; lo construye o lo destruye, traza, corta, confecciona un mundo... Se pueden guardar un montón de cosas en la maleta, en las maletas, en los bolsillos, en la memoria y en el corazón. Al final del viaje nos quedan las cosas elementales, esas que cada quien conserva en alguna casa como quiere y puede.  Pablo Neruda hizo de las cosas elementales: odas; no pudo hacerlo de otra forma pues todo lo que tocaba lo hacía poesía... Quién pudiera guardarse lo elemental en odas como vaivén de olas, como viento y  brisa que huele a caldillo de congrio, a vino y a cebolla... Neruda sabía que no es necesario escalar para alcanzar una estrella, hizo una estrella a la alcachofa de tierno corazón, la encontró en un hilo, en el mar; lo mismo en una tormenta que en un tomate. Descubrió que "el corazón habita en las cosas más sencillas".
LIA
                    

Oda al caldillo de congrio                    

En el mar
tormentoso de Chile                              
vive el rosado congrio,
gigante anguila 
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero 
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor 
en una salsa
formada por el jugo
del océano 
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio 
y se sumerja en gloria, 
que en la olla 
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario 
dejar en el manjar 
caer la crema 
como una rosa espesa, 
y al fuego 
lentamente 
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa 
lleguen recién casados 
los sabores 
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo. 

jueves, 8 de enero de 2009

ASTROMELIA FLUORESCENTE



Había una vez una astromelia buscando contar cuentos de colores. ¿Las astromelias escriben? No lo hacen las rojas, tampoco las blancas y menos las amarillas (al menos, eso creía la flor de esta historia).
Astromelia flor de cuento quería ser cuentista flor azul. Jamás se miró al espejo, no sabía de qué color era su piel, sus labios y su cabellera de pétalos. Casi marchita, envidiaba el color de otras flores: las amapolas color de tango, los lirios espuma blanca, los tulipanes brillo de sol... pero Astromelia, Astroemelia, Astromelia... delgada y frágil, se escondía entre sus hojas verdes, avergonzada y sin cuentos. Se creía de pluma torpe, de formas imprecisas que flotan en el aire.
Un día, pobre Astromelia color de cielo, pálida, triste, sin un consuelo, se arrojó al río Luna de Plata. Desventurada, la flor de ceniza se extravió de la luz que revela sueños celestes. Desprovista del rayo que hace manar fantasmas, parecía extinguirse, muda increyente. Descendió lentamente hasta caer sobre la nariz del mostro de musgo morado que habita el fondo de Luna de Plata. El mostro, que dormía profundamente, despertó; y a punto de enfurecerse, rió a carcajadas de burbujas de jabón. Astromeliazul se había transformado en una flor radioactiva amarillo tornasol. Al ver a la flor de luz, el inmenso animal musgoso le preguntó:
-¿Eres una lamparilla flor de agua que alumbras las profundas calles oscuras de Luna de Plata?
-No, no! -respondió la flor- soy una flor de cuento y quiero ser una azulastromelia.
-Pero eres fluorescente cuenta cuentos, cuéntame algo deslumbrante!
Entonces, Fluorescencia miró a su alrededor y descubrió un zapato, una lata, una pila alcalina, una vieja dentadura y una caca de vaca: los inquilinos de Luna de Plata que la miraban con asombro, dispuestos a escuchar la historia que estaba por comenzar. Astromelia Fluorescente, entonces comenzó el cuento..
                                           
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tsssss LO QUE CONNOTA EL AEROSOL



Vivo en una Unidad Habitacional. Siempre son unos rollos las modificaciones que se hacen en la misma, son tantas las opiniones a favor y en contra de la pintura de los edificios, las customizaciones de las puertas de entrada, ventanas y, aunque usted no lo crea, hasta la pintura amarillo fluorescente para el piso quesque para que se vea mejor en la noche: puros cuentos pa' sacar lana de donde se pueda al pobre vecino incauto por no decir medio pendejo. Los líos por los múltiples desacuerdos llegan hasta la esquina del altarcito de la Virgencita de Guadalupe, que si lo pintan de rosita pastel, que si mejor le ponen una chingada vitrina de cristal con filos dorados y que si sus cortinas han de ser de terciopelo rojo o de encaje... pa' que a la madre de Dios ni le preguntaron cómo le gustaría su esquinita... Para evitar tanto lío se contrató (ella solita porque se le dio la chingada gana) una señora "La Jitomates" que hace algún tiempo colgó su puesto de frutas y verduras que tenía a la entrada de la unidad. Así, la verdulera (literalmente hablando) pasó a ser la delegada o alguna jalada así. ¿Pero por qué diablos llamo a esta entrada LO QUE CONNOTA EL AEROSOL? aaaa pues muy sencillo, hace algunos días, para mi sorpresa, me encontré con un grafitti bastante bueno que abarca la planta baja de dos edificios. Debo decir que nunca (y nunca es nunca) había visto algo que realmente valiera la pena en este lugar y sin embargo, grafiteros con talento lo hicieron. La bronca, que no tardaría en aparecer en boca de nuestra honorable delegada "La Jitomates" que pues no todos los vecinos están de acuerdo que se haya hecho el mural. La pared llevaba años sin pintarse, llena de las huellas de los balonazos, firmas, recaditos y pendejez y media y ahí sí, el vecino precupado por el buen estado de sus jodidas áreas comunes ni sus luces... Juzguen ustedes, pero pa' mi que los grafiteros lo único que hicieron  fue regalar su tra-ba-jo a gente medio podrida: holgazanes que pasan su tiempo libre fumando mota, hinchándose de caguamas y dejando su basura por todas partes... 
Para no decir nada (pues no entenderán nada) me resignaré a tomar un par de fotos al muro antes de que nuestra delegada y la bola de gordas chancludas apestosas decidan pintar de verdecito pistache dese que se ve re bonito...

LIA