jueves, 8 de enero de 2009

ASTROMELIA FLUORESCENTE



Había una vez una astromelia buscando contar cuentos de colores. ¿Las astromelias escriben? No lo hacen las rojas, tampoco las blancas y menos las amarillas (al menos, eso creía la flor de esta historia).
Astromelia flor de cuento quería ser cuentista flor azul. Jamás se miró al espejo, no sabía de qué color era su piel, sus labios y su cabellera de pétalos. Casi marchita, envidiaba el color de otras flores: las amapolas color de tango, los lirios espuma blanca, los tulipanes brillo de sol... pero Astromelia, Astroemelia, Astromelia... delgada y frágil, se escondía entre sus hojas verdes, avergonzada y sin cuentos. Se creía de pluma torpe, de formas imprecisas que flotan en el aire.
Un día, pobre Astromelia color de cielo, pálida, triste, sin un consuelo, se arrojó al río Luna de Plata. Desventurada, la flor de ceniza se extravió de la luz que revela sueños celestes. Desprovista del rayo que hace manar fantasmas, parecía extinguirse, muda increyente. Descendió lentamente hasta caer sobre la nariz del mostro de musgo morado que habita el fondo de Luna de Plata. El mostro, que dormía profundamente, despertó; y a punto de enfurecerse, rió a carcajadas de burbujas de jabón. Astromeliazul se había transformado en una flor radioactiva amarillo tornasol. Al ver a la flor de luz, el inmenso animal musgoso le preguntó:
-¿Eres una lamparilla flor de agua que alumbras las profundas calles oscuras de Luna de Plata?
-No, no! -respondió la flor- soy una flor de cuento y quiero ser una azulastromelia.
-Pero eres fluorescente cuenta cuentos, cuéntame algo deslumbrante!
Entonces, Fluorescencia miró a su alrededor y descubrió un zapato, una lata, una pila alcalina, una vieja dentadura y una caca de vaca: los inquilinos de Luna de Plata que la miraban con asombro, dispuestos a escuchar la historia que estaba por comenzar. Astromelia Fluorescente, entonces comenzó el cuento..
                                           
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