Mademoiselle de Paris, Coralie, adore les chats. Le gusta deleitarse por las noches con el fino concierto de maullidos y ronroneos exquisitos, verles andar ágiles pies de pluma sobre los tejados, ávidos equilibristas sorteando riesgos de altura sobre bardas angostas. Espía con un morbo casi clínico "los amores de los mansos gatos". Coralie vive para contemplar la colorida constelación felina desde su departamento vingt-deux; hace descender un trastecito amarillo sujeto a un cordón rojo a cambio del involuntario espectáculo callejero.
Es invierno en París; el frío congela los huesos de la ciudad, la gente viste hermosos abrigos que rápidamente se cubren de nieve: el paisaje de pequeños iglúes vivientes parece una postal en movimiento.
Las 4:30... Coralie, sentada en su viejo sofá de terciopelo azul, forma un círculo trasparente con los dedos para desempañar la traslúcida ventana que pronto vuelve a nublarse de cálida respiración. Nadie la espera, y ella, no espera que alguien llegue. Saldrá sola, soltera y sonriente de su invernadero hacia el paisaje de hielo en busca de l'merd exquise...
Haciendo efectiva su fascinación por los felinos, como abrazada por un montón de gatos, usa un abrigo de piel de algalia y el sofisticado parfum Coco Civet: el kit perfecto para salir un día congelado a beber lentamente una pequeña taza de kopi Luwak: el mejor y más caro café del mundo.
Coralie sacó el último fósforo de su cajita donde guardó los euritos necesarios para comprar una lujosa taza de café y reencendió un cigarrillo que cualquier día dejó a medias. Pronto se quedó profundamente dormida, su mano ya sin fuerza dejó caer sobre su abrigo la colilla aun ardiente... 5:30; Coralie, nunca probó el café más caro del mundo.

Me identifiqué muchísimo con el primer párrafo O___O
ResponderEliminary qué bueno que Coralie nunca probó ese café! :P
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